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La consulta dental y las emociones

Cuando nos referimos a las emociones que se despiertan en la Consulta Dental, siempre empezamos, y acabamos, hablando de las emociones negativas: el miedo al dentista, a las agujas o a las batas blancas.

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Sabemos que este problema sigue existiendo todavía para muchas personas como ya analizamos en una entrada anterior. Que la “ansiedad dental” condiciona el acceso a los servicios dentales de muchos, que no acuden al dentista excepto  cuando ya no hay más remedio y, casi siempre, cuando ya es tarde. Al miedo hay que plantarle cara y con una generosa dosis de confianza, más la información documentada y contrastada de un profesional, se puede corregir y superar. Esta superación genera una experiencia satisfactoria y gratificante, un verdadero empoderamiento personal.

Pero en esta ocasión que me ofrece Guillem, con motivo del 95º aniversario de la Clinica Dental Esteve en Alicante, no quiero volver sobre este manoseado tema.

Porque la emoción que de verdad mantiene la moral alta en una consulta es el agradecimiento, la gratitud del paciente hacia el profesional y viceversa. ¿Viceversa?. Sí, porque para el dentista la palabra agradecida del paciente, el estrecharle la mano o el sonreírle al entrar o salir del consultorio, es un verdadero bálsamo entre las dificultades del trabajo cotidiano. Esos pequeños gestos o palabras de gratitud son las auténticas joyas que se regalan los unos a los otros, tanto a los pacientes como a todo el personal que trabaja en la Clínica.

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Así pues, la base de un buen servicio dental es el legítimo beneficio mutuo, en el que el paciente obtiene una mejora en su salud oral y el profesional obtiene unos honorarios que le permiten la supervivencia de su arte.

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